DECLARACIÓN PÚBLICA ARTISTAS URBANOS

Queridxs compas:

Aquí dejamos una información que nos parece en extremo relevante difundir para generar reflexión, debate y apoyos (de ser posible). Al final del escrito, adjuntamos el link de un formulario donde pueden dejar sus datos para manifestar su adhesión a la causa.

Contra la propuesta de ley que regula  el arte urbano y lo sanciona.-

Los abajo firmantes, artistas visuales, cultores y gestores del arte urbano en espacios públicos, manifestamos nuestra sentida preocupación por los alcances del proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados que “Regula  el arte gráfico  urbano, establece  condiciones  para su desarrollo y sanciona rayados no autorizados”, el cual afectará de manera sensible el trabajo realizado por cientos, sino miles, de cultores del arte callejero en nuestro país.

1.- Manifestamos nuestra preocupación por la distinción arbitraria y contraria al desarrollo histórico del arte callejero, que establece separaciones artificiosas entre el arte y los tags, rayados y grafitis, entre otros, con la finalidad declarada de promover a los primeros y castigar o reprimir a los segundos.

El arte callejero en Chile nace de la expresión espontánea y popular de actores sociales históricamente marginados, cuyo arte ha estado excluido de las galerías, museos y salas de exposición de arte convencional o académico y a las cuales las comunidades locales tienen escaso o nulo acceso real.

Las personas que han decidido iniciarse y desarrollar el arte urbano son en su mayoría personas autodidactas, generalmente comienzan a hacerlo a nivel local y tienden a expresar temáticas e ideas propias del entorno en que intervienen, muchas veces críticas de la realidad que observan desde los más variados ángulos y animados por las más diversas motivaciones.

La experiencia demuestra que hay un hilo conductor silencioso que conduce el desarrollo de un talento artístico a partir de la imitación, la experimentación y la competencia o la colaboración con sus pares. No es casual que las formas menos elaboradas de rayados, tags o firmas en los muros urbanos sean realizadas por niños, niñas y adolescentes que buscan encontrar espacios de expresión propios en los muros y que, a su vez, estas expresiones sean denostadas por una parte significativa de la población adulta. De algún modo las personas necesitan aprender y recorrer un camino para desarrollar sus talentos.

De otro lado, no se puede soslayar el hecho de que buena parte de las manifestaciones artísticas en la sociedad responden a una visión ideológica crítica o una estrategia política determinada, en ocasiones marginal. Hay quienes se sienten satisfechos con desarrollar sus obras en espacios cerrados y formales, hay otros que optan por la comunicación, el debate y el encuentro en espacios públicos abiertos. A menudo, porque no nos gusta lo que vemos o lo que acontece, ofrecemos a nuestras comunidades color, formas, embellecimiento, a la hora de expresar nuestros mensajes y sentimientos. No es casual tampoco que la defensa del medio ambiente, la flora y la fauna, la valorización de los pueblos originarios, la defensa de los derechos humanos y una larga lista de motivos colectivos (o causas) que generan o fomentan la identidad social y cultural, estén tan presentes en las manifestaciones de arte callejero.

No se puede restringir el beneficio del arte callejero al desarrollo del turismo en los territorios, como se indica en los fundamentos del proyecto de ley. El arte callejero contribuye a la recuperación de barrios en situación de deterioro o abandono, a cambiar la imagen de comunidades o barrios estigmatizados, a generar, fortalecer o recuperar los lazos de identidad y el sentido de pertenencia de los habitantes con una comunidad. No es casual, entonces, que personas que inicialmente se resisten al desarrollo del grafiti en los muros de su propiedad, terminen con el tiempo solicitando que alguien pinte la muralla con una expresión artística, la misma que por largo tiempo se negó a autorizar.

En suma, es imposible hacer una distinción objetiva y tajante entre un arte callejero “bueno” y “de calidad” y uno que no cumpla esas condiciones, por lo que queda al arbitrio del observador (la audiencia) la apreciación de las bondades de una expresión artística determinada. En el campo académico sí existen criterios y métodos, pero el arte urbano escapa a la mayoría de éstos. Por lo tanto, hacer una distinción entre arte callejero de buena y mala calidad, solo contribuiría a elitizar una práctica esencialmente democrática y popular.

2.- Manifestamos nuestra sentida preocupación por el deseo de encauzar el arte callejero a través de métodos y procedimientos estandarizados de gestión y que la toma de decisiones recaiga en las autoridades municipales.

El arte callejero y el grafiti encuentran en la realidad actual múltiples formas de promoción y fomento: festivales impulsados por centros culturales o asociaciones barriales, fondos concursables, licitaciones, patrocinios por parte de empresas inmobiliarias o instituciones que –como el Metro de Santiago- buscan embellecer y dotar de identidad los entornos donde realizan su actividad principal, talleres de muralismo en escuelas y colegios, encargos, animaciones socioculturales asociadas a la solución de problemas de índole personal o comunitario, etc.

Estas múltiples actividades son administradas y/o gestionadas por ministerios, gobiernos regionales, servicios públicos, municipalidades, colegios, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, organizaciones culturales comunitarias, colectivos –brigadas o crew- y personas a título personal. La mayor parte de las veces artistas, organizaciones y comunidades actúan de manera articulada y en red, potenciando así los escasos recursos disponibles para el desarrollo de las actividades señaladas. Se practica el voluntariado, el trueque, el trabajo colaborativo, el crowdfunding y el aporte propio entre las herramientas de financiamiento más recurrentes.

En el marco de lo anterior, consideramos un serio problema pretender acotar la gestión del arte callejero al ámbito municipal, entidades públicas que –dicho sea de paso- carecen de los recursos necesarios para llevar a cabo las nuevas actividades que se les desea encomendar. La generación de registros públicos de muros susceptibles de ser intervenidas por el arte callejero o la aprobación de diseños y bocetos por parte del Concejo Municipal constituyen mecanismos engorrosos, burocráticos y potencialmente discriminatorios o censores de la libertad de pensamiento y libertad de expresión.

El camino adecuado y seguramente más efectivo de promoción y fomento sería propender a gestionar el arte callejero de manera libre y civilizada entre los cultores interesados en el mismo, respetando el legítimo derecho de los propietarios o administradores de una propiedad a autorizar o no el uso de las murallas o fachadas a su cargo, para ser intervenidas por artistas populares de mayor o menor desarrollo artístico formal.

3.- Manifestamos nuestra preocupación por las medidas coercitivas que se desea implantar con el propósito declarado de mantener limpia y ordenada la ciudad.

De un lado, los abogados señalan que las figuras coercitivas que se desean implantar ya existen en el ordenamiento jurídico actual, particularmente en el código penal, civil y la ley 18.216 que establece las penas sustitutivas, privativas o restrictivas de libertad.

De otro lado, la aplicación de dichas medidas se tomaría acorde a un principio de legitimación activa de las municipalidades, lo que requeriría una discusión con dichas entidades para que estas puedan evaluar la pertinencia y condiciones de ejecución de la nuevas funciones que se les pretende endosar.

En cualquier caso, nos parece pertinente distinguir los inmuebles y servicios públicos, así como aquellos declarados monumento nacional, de los bienes mueble e inmuebles de uso colectivo y el de particulares que pudieran verse afectados por un rayado indiscriminado de sus fachadas. No es conveniente, para una sociedad que aspira a fortalecer la convivencia democrática y la calidad de las relaciones de convivencia, convertir el espacio público –que lo construimos entre todos- en una suerte de fetiche en el cual todo lo que se proponga o realice en el entorno sea objeto de sospecha o percibido como un delito en potencia.

4.- A manera de conclusión, manifestamos que cualquier iniciativa legislativa en este campo, incluido el proyecto de ley ya presentado,

a) debe evitar los siguientes riesgos:

  • Discriminar a los artistas urbanos, al hacer una distinción entre arte bueno y de calidad (muralismo), en contraposición a uno malo y de baja calidad (grafiti).
  • Relacionar el arte malo con personas menores de edad que pintan con aerosol.
  • Coartar las libertades de pensamiento, reunión y expresión, valores decisivos en la construcción de una sociedad democrática que acoge y fomenta la participación de todas y todos.
  • Elitizar el arte, sobre todo aquel que por historia ha sido eminentemente popular y democrático.
  • Criminalizar a artistas que no se sometan al carácter homogeneizador que se busca imponer vía proyecto de ley.
  • Que el arte urbano quede sometido a merced de una ordenanza municipal obligatoria, la cual tendería a burocratizar el proceso de planificación y ejecución, así como cerrar toda otra posibilidad de manifestación y expresión artística en libertad.
  • Acallar mensajes alternativos o disidentes, que no tienen espacio en medios oficiales de comunicación y expresión convencionales.
  • Invisibilizar formas específicas de arte político como papelógrafos, rayados, murales, entre otros, los cuales están siendo ya regulados por la ley de propaganda electoral.

b) debe promover la existencia y desarrollo del arte callejero. Para ello:

  • El arte visual urbano debe ser fomentado con una mirada democrática, popular, comunitaria, educativa, cultural y social.
  • Fomentar el cultivo de talentos artísticos en todos los ámbitos y espacios posibles, creando oportunidades para la libre expresión, sin normalizar la enseñanza en un solo tipo de corriente, escuela o forma de expresión artística.
  • Elaborar políticas públicas ampliamente discutidas por la ciudadanía, que tengan como principio ampliar derechos y garantizar el ejercicio de la libertad de expresión, sin caer en la tentación de restringir o reprimir comportamientos que no sean del parecer de un determinado sector.

En Santiago de Chile, 9 de julio de 2018

URL DEL FORMULARIO PARA ADHERIR A LA DECLARACIÓN DECLARACIÓN PÚBLICA ARTISTAS URBANOS

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